
CAMINANDO
Me parecía que si me ponía a caminar, podría dar la vuelta al Mundo, y me anime a emprender el camino.
Tenía que prepararme, pues la empresa no era ninguna nimiedad, no sabía que es lo que verdaderamente me haría falta, al mismo tiempo, tenía que ser lo suficientemente pequeño, para que todo cupiera en una mochila.
Durante varios días no pensaba en otra cosa, estaba como ida solo pensaba en las cosas que tenía que llevar. En mi casa, que no sabían nada de mi proyecto, debían pensar que esta majareta, miraba encima de los armarios para buscar una mochila que tenía de cuando hacía excursiones por el monte y que era muy ligera, la verdad es que muy moderna no era, incluso creo que tenía una marca de no sé que bebida.
Yo soy poco aficionada a caminar con deportivos, incluso en una ocasión subí a la cola de caballo del Parque Nacional de Ordesa con unos zapatos de tacones, que fueron la admiración del guarda del bosque, pero claro, no era lo mismo una excursión de un día que otra de meses, pues calculaba que por lo menos me llevaría 3 0 4 meses realizar la azaña.
Busque un sombrero de paja de ala ancha, pues soy muy sensible al sol en la cabeza, un chubasquero que me habían regalado un día que llovía muchísimo y un pequeño botiquín para emergencias.
También llevaba una cantimplora para el agua, y unos cubiertos pues me daba un poco de reparo comer con las manos.
Llevaba dos pares de deportivos colgados de la mochila, una radio pequeña y un montón de pilar para estar entretenida y no hablar sola, cosa bastante frecuente en las personas que van solas por la calle.
Ya con todo organizado, Pasaporte, carnet de Identidad y una tarjeta de crédito por si acaso, se lo comuniqué a mi familia. Ni que decir tiene que me pusieron de vuelta y media, que si estaba loca, era una barbaridad con las cosas que pasaban por ahí, pero yo estaba tan decidida, que no me dejé convencer por ninguno de los argumentos que me hicieron constar.
Empecé a caminar una mañana del mes de Marzo en la que lucía un sol precioso, La gente que me conocía pero no vestida de aquella guisa, se me quedaban mirando con curiosidad, pero yo decidí no decir nada a nadie.
Por encima de mi casa, hay un camino precioso que le llaman El Camino Real, todo entre eucaliptos y castaños, y allí, tirada en el suelo, vi una vara bastante gruesa y decidí cogerla para ayudarme en el camino. Iba toda contenta con mi música y sin demasiada prisa, al fin y al cabo no me esperaba nadie, así que decidí ir a mi aire.
Me cruzaba con vecinos que se asombraban de verme a esas horas por el camino, pues no es demasiado transitado, nos saludábamos y nada más- La verdad, es que estaba toda contenta
de pensar en lo que iba a hacer, estaba tan animada, que no se me ocurrió pensar que en el fondo era una locura como otra cualquiera.
El primer día, camine cerca de 20 km y los pies me dolían al final de la jornada. Por esta zona, hay unos viejos molinos y aproveché uno de ellos para envolverme en una manta y dormir, estaba tan cansada, que no tenía ni hambre. Cuando desperté, ya había bastante claridad y el bocadillo que llevaba para la cena me lo tomé y me sentó de maravilla, de todas formas me di cuenta de que tenía que organizar ese problema, el de las comidas, así que cuando llegué al primer pueblo, entre en un bar y me tomé una taza de leche caliente con un poco de pan, para empezar bien el día.
Me hice con las suficientes cerillas para poder encender un fuego y compre un cacharro metálico y pastillas de sopas para tomar de noche, había que tener cuidado porque no en todos sitios dejan hacer fuego, y solo faltaba que me detuvieran por pirómana.
La segunda jornada la llevé bastante bien, fui descansando con frecuencia, pero ya era un camino desconocido para mi, pues decidí ir acortando para coger el camino de Santiago hacia –Francia, me habían dicho que no quedaba lejos de aquí, pero no tenía ni idea, y la señalización no me ayudaba demasiado.
Me encontré con un grupo de gente que habían venido a Santiago, y decidí unirme a ellos, pero estaban muy bien entrenados y yo les retrasaba, así que después de un día de caminar a su lado, les dije adiós. Eso me causó pena, pues era más entretenido ir con más gente.
El cansancio iba haciendo mella en mí, solo había recorrido 80 km y ya me parecía que por lo menos, había dado la vuelta a medio Mundo. Pero no me rendí, decidí hacer un alto en el camino y descansar un día, perro con lo que no contaba, era que al parar, me empezaría a doler todo el cuerpo por las agujetas, creo que empecé a darme cuenta de que aquella ilusión del principio, empezaba a pasarse, pero soy muy cabezota y me decía a mi misma ¡Te vas a rendir a los 7 días?
Algunas noches hacía frío y no tenía donde refugiarme, y a pesar de llevar una buena manta, no era suficiente, así que cuando vi las luces de una casa, decidí pedir ayuda y me dejaron dormir en la entrada, al lado de una chimenea para calentarme. Empezaron a decirme que lo que intentaba hacer era una barbaridad, que diese la vuelta y volviese a mi casa.
Al día siguiente, y ya era el decimo, recuperada, decidí seguir mi camino, vi una Iglesia Románica preciosa y me senté un rato en ella a descansar, al poco rato apareció una señora mayor que se quedó un poco extrañada de verme y más todavía cuando le conté mis propósitos, me dijo que había conocido mucha gente con las mismas intenciones que yo y que tuvieron que ir a recogerlos porque habían sufrido un gran agotamiento, creo que en aquel momento, decidí acabar con mi aventura.
Al principio me daba mucha vergüenza regresar sin haber conseguido mi propósito pero cual fue mi sorpresa, que todo el mundo alabó mi azaña, al fin y al cabo no era muy normal que una persona de mi edad hubiese caminado sola por el monte y caminos inhóspitos durante más de 15 días, así que se me quito de golpe la frustración.
Fue una bonita experiencia, que no olvidaré en mi vida
Pilar